Dicen que cuando una puerta se cierra, se abre una ventana.
Muchas de estas puertas y ventanas no se volverán a abrir jamás. Ellas son testigos de un pasado que sí fue mejor. Las puertas se abrían para dejar pasar a las visitas, para salir a dar el paseo diario, para invitar a entrar a todo aquel que quisiese compartir un vino, un café, o, simplemente, una conversación.
Por las ventanas asomaba la gente a saludar a los vecinos, a tender la ropa, a contemplar el maravilloso paisaje que rodea Quintanar.
Pero ya poca gente cruza el umbral de esas puertas y ventanas. Ya casi no queda a quien visitar, ya casi no queda a quien saludar. Muchos se han ido para no volver. Muchos vuelven, pero para marcharse de nuevo. Y algunos pocos nos quedamos con la esperanza de volver a ver gente atravesar esos umbrales, gente asomada a sus ventanas, con la esperanza de que esas puertas y ventanas se vuelvan a abrir. Algún día.



































































Deja un comentario